Manyara, un lugar fuera de lugar

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kilimanjaro_elephant

Aunque de pequeña vi algún elefante en cautividad, apenas lo recuerdo. Supongo que porque no eran más que sombras de sí mismos. Por eso, cuando fui a Tanzania, fue como verlos por primera vez. Fue en el lago Manyara, que en lengua masai significa ‘lugar donde se encuentran dos seres’. ¿Por dónde empezar la historia de aquel encuentro? Al principio, fue sólo el tamaño de sus huellas en el suelo lo que me pareció descomunal. Hasta que los vi a ellos. Los mayores mamíferos terrestres, los últimos descendientes de un grupo prehistórico. Nunca lo voy a olvidar. Eran más de diez enormes paquidermos cuyas exageradas proporciones no competían con el horizonte ancho de la sabana. En medio, una hembra trataba de sacar a su cría de un charco. El tiempo, el espacio…, de pronto todo era raro. No supe qué decir. No quise hablar. Tenía ganas de llorar. Me sentía insignificante y tan pequeña como una nanopartícula. Aquel momento fue como estirar más de la cuenta un instante de felicidad, sabiendo que al soltarlo todo volvería a su lugar, fuera de lugar. Fue como estar de prestado en un mundo paralelo en el que no había ningún limite a la libertad. Un mundo a salvo de la estrechez del nuestro, en el que todo estaba en su sitio. Aquel escenario no era de mi medida, pero me hizo sentir como si, por fin, hubiera llegado a casa.

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